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Areia Marbella

En muy poco tiempo, Areia se ha convertido en un imprescindible en la cada vez mejor cocina marbellí. Y lo ha hecho, por la contradictoria originalidad de volver a lo clásico o de hacer lo que nadie hace: no emborracharse de moda. Intemporal, elegante, refinado y muy bonito. Además, a la carta y con grandes vinos. 

Pero nada mejor que su cocina. Si uno empieza con un cóctel clásico tendrá ya unas excelentes patatas suflé, precediendo la los buenos aperitivos: unos crujientes buñuelos semi líquidos de queso y trufa, con un intenso caldo de cebolla, servido en copa, y unas estupendas vieiras con jengibre, manzana, aguacate y cítricos.

Hay una carta especial de trufa negra y he elegido lo más simple, como más gusta: unos cremosos tallarines, de perfecto punto, envueltos en los aromas del la tuber

Y de temporada, unos deliciosos guisantes lagrima con una etérea salsa de vainas al limón y el toque excelente de unas tiras de calamar, apenas escaldado. 

La elegancia total es la de un lenguado al champán en el que la salsa -tradicional y poderosa, pero suavizada con hierbas-, baña un lenguado de calidad sobresaliente. 

Continuar con un solomillo Rossini es apostar por la opulencia. Que no nos damos cuenta pero, gracias a estos lugares, comemos como hace apenas 100 años solo lo hacía la realeza y la aristocracia. Embriagarse con la salsa perigourdine y las trufas, y saborear el tierno brioche y el mantecoso foie, solo puede inspirar reflexiones tan reales. En ambos sentidos.

Y de postre, cómo no, la dulce nube comestible y alcohólica del suflé al Grand Marnier, aunque tanpoco hayamos desdeñado una estupenda bavaroise de limón y frutos rojos

Los vinos han corrido de la cuenta del maitre sumiller que no ha podido elegir mejor. Todo es destacable. El mejor de los clásicos de Málaga y, en este estilo, creo que de Andalucía.

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