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Al Gatto Verde

Al Gatto Verde, en Casa Maria Luigia, es para Massimo Bottura un laboratorio de memoria y fuego donde la tradición de la región, Emilia Romaña, se transmuta en poesía comestible. Advierte que no es una barbacoa ni una parrilla, porque va más allá de estos conceptos clásicos buscando integrar técnicas diversas con el fuego como protagonista sin repetir los clichés de la barbacoa tradicional y usando productos tradicionales y artesanales de la región. 

Bajo la dirección de la chef Jessica Rosval cada ingrediente se convierte en lenguaje, cada humo en verso, y cada plato en una delicada cartografía del tiempo y del paisaje, porque todo pasa por la mano de un genio que convierte la sencillez en gran cocina. 

Se estrenan con un homenaje a Robuchon, que es una hoja de coliflor crujiente rellena de una crema hecha con el resto, ensamblando tartar de gambas y caviar. Al lado, el casticismo de una cintumilla (bola crujiente) rellena de un rico cotechino, la salchicha regional usada en casi todo. 

Después un bocado fresco y marino que combina anguila ahumada, zumo de manzana verde y apio para equilibrar acidez, textura y aroma, muy en línea con la estética culinaria de Jessica Rosval y el enfoque en ingredientes naturales y técnicas de fuego sutiles. Dice estilo ceviche, pero mucho mejor. Una elegante delicia.

El pan es muy importante porque es una focaccia “hiperhidratada” en horno de leña, muy crujiente por fuera y súper esponjosa por dentro. Se acompaña con pesto a la modenense -reinterpretación del clásico pastel erbazzone-, un detalle que conecta directamente con el paisaje y el huerto de Casa Maria Luigia

Una gran entrada vegetal es el orto invernale, un paisaje invernal que evoca el huerto emiliano mediante muchas verduras, presididas por la col rizada y la salsa de achicoria, con el toque de carne de un cochinillo Mora Romañola -la exquisita raza local- ahumado y envuelto en jamón, y una leve salsa de Parmigiano Reggiano de 60 meses. Los mejor de la tierra con carne y vegetales, y el humo, la acidez y la larga maduración construyendo un equilibrio profundo y estacional.

La bullabesa mediterránea es trasladada al Adriático. El sabor central es un caldo marino muy concentrado, aromatizado con azafrán y cítricos, con notas ahumadas suaves, elemento clave del restaurante. Los pescados (mejillones, rodaballo, vieiras, gambas y cangrejo azul son los típicos de su mar. Después, para hacer la “scarpeta” (mojar pan), una delicada magdalena salada al azafrán.

El borlengo es un plato de la pobreza. Una delgada crepe campesina que se rellenaba de lo que se podía y a la añadían la barata trufa. Hoy es algo suntuoso y la refinan aún más con el relleno de boletus amasado con ricotta. Y todo, en bello negro trufa

Spaghetto Storione transforma una pasta en un plato de gran refinamiento marino al envolver el espagueti en un sabayón (normalmente dulce) elaborado con caldo concentrado de esturión y coronarlo con caviar ahumado, un equilibrio entre untuosidad, profundidad y elegancia salina.

El jabalí de los Apeninos se sirve en varias fases a cuál mejor: el solomillo envuelto en panceta y con una salsa antigua llamada agresto, -muy usada antes del tomate-, a base de uva verde ácida. Es deliciosa y corta la grasa. Junto a él, un potente fricasé de la pierna, cocinada al fuego de leña muy lentamente. En un segundo pase, unas medias lunas rellenas -a la manera renacentista, pero modernizada- de ciruelas y chocolate (sustituyendo a la habitual sangre del jabalí), bañadas en un soberbio consomé de jabalí. Se mezcla con una cucharada de ragu y hierbas. Un plato impresionante. 

Chocolate negro intenso y cereza de Vignola en semifrío se equilibran entre amargor, acidez y frescor, mientras el grano de cacao introduce un crujido seco que ordena el conjunto y prolonga el sabor con precisión contenida.

Caramelo al carbón tiene amargor tostado y textura densa, perfumado con pimienta negra, se equilibra con la acidez fresca de fruta de la pasión, construyendo un contraste nítido entre notas ahumadas, especiadas y frutales que evoluciona del oscuro al luminoso en cada cucharada.

Un sitio redondo, con un servicio magnífico. Aún más si Massimo, te pone la mesa -que no había- en el espacio adyacente: su galería con las colecciones de impresionantes cuadros, coches y motos.

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Iván Cerdeño

Tan elegante y estilizado como un caballero del Greco, sobrio como un noble toledano del Siglo de Oro, con tanto gusto como la ciudad que lo aloja. Y así es la cocina de Iván Cerdeño, que se pone en escena entre la nada de un blanco que enmarca Toledo y sus platos, para que nada distraiga nuestra atención. Y esa cuidad, una de las más bellas del mundo, es reciedumbre de piedra y acero, pero también blandura de agua y barroquismo de  filigrana y damasquino. 

Nada de eso falta en un poético menú que se llama MEMORIAS DE UN CIGARRAL. Los aperitivos muestran la sobriedad en sus sencillos productos y el refinamiento en sabias preparaciones y una bellísima estética que le sitúa en la santísima trinidad de los estetas, junto a Quique Dacosta y Eneko Atxa

Desde los ATISBOS de tatin de alubias aliñadas y garbanzos encominados (cremosos, crujientes y llenos de sabor), a los ADOBOS Y MAJADOS: maíz de la ribera y trucha, que es como un niguiri toledano, un asadillo aterciopelado y cremoso, recio pate de caza menor, otro, muy sabroso, de pimientos verdes y caballa ahumada y el prodigio chispeante de un milhojas (pieles crocantes) de pollo de corral con hojas, flores, huevas de pez volador y la dulzura de un relleno delicioso. 

ENTORNO, HUERTA Y RIBERA es corte helado de cebolla y queso, con ambos fuertes sabores en equilibro perfecto; encurtidos, salazones y jugo de cornicabra tiene esferificaciones, crema, salados, ácidos y el maraviloso y fuerte toque de la recia aceituna toledana;

La tarta de coliflor y nueces tiernas encurtidas con buñuelo de coliflor (muchas texturas de coliflor con nueces tiernas y encurtidas, y una sorprendente nata a la vainilla y escabechada. Para rematar, trufa de verano y la magia de un muy esponjoso buñuelo de salsa holandesa y coliflor;

sopa de pepino (escabechado y en sopa), rábano picante (refrescantes bolitas heladas, shots), yogur, requesón y hierbabuena es puro frescor con un toque marino de arenque

acaba con una gran secuencia de setas de temporada (tartaleta de setas en escabeche, entre lo crudo y lo ácido, profundo e intenso consomé de monte (muchas setas y gran sabor) y pil pil de rebozuelos con etérea espuma de miso). 

COCINA DE MONTE Y MAR es una crujiente, tostada y exquisita empanadilla (sin pan y de manitas) rellena de dulces y delicadas quisquillas, una mezcla deliciosa. 

El DIARIO DE CAZA es el lado más aparentemente sencillo y esencial por el que fluye el talento de Iván. Hasta parece abandonar algo el esteticismo para recrear estos sobrios platos  de caza.

El jabalí, muy tierno, se asa con mole y lo completa un baghir árabe que es una suerte de tortilla de jabalí especiado. El conejo de monte es una pequeña brocheta y también un magnífico y espumoso sabayón con amargos de café y dulces de maíz

CONFITERÍA es leche ahumada y caviar (una gran mezcla dulce y cítrica); curry, limón y hierbas, una estupenda mezcla de texturas y temperaturas en la que alterna acidez, dulzor y picante de curry;

buñuelo de viento esponjoso y semilíquido y almendras y flores, un níveo y aromático homenaje al mazapán en el que resalta un suculento bollito templado de almendra.

Ha sido un menú perfecto,  completado con una sobria narración y el saber del sumiller, además de un buen servicio. 

Quizá pido muchas estrellas, pero es que hay sitios que claman por una tercera. 

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