Buenvivir, Gastronomía, Restaurantes

Orgullosa fealdad

La estupidez es más adecuada para una vida feliz que la razón porque plantea menos problemas y nos aleja de la zozobra. Al menos eso dice Erasmo de Rotterdam en su «Elogio de la Locura»; o de la estulticia, que es lo que realmente es. Podría suscribir también hoy sus tesis, pero no sé si me atreveria a exaltar la fealdad en tiempos de dictadura de la belleza e imperio de lo estético. Lo que sí defiendo es un cierto modo de humana imperfección o digna fealdad.

A decir de muchos El Campero, en Barbate, es uno de los lugares más feos de la tierra. Bien es verdad que la villa, otrora famosa por elaborar el mejor garum del Imperio, romano por supuesto, no destaca por su belleza, que el restaurante se esconde tras una horrible terraza de plástico y neones de hospital y que el barrio en que se asienta es de una fealdad notable, pero se trata tan sólo de una fealdad digna y limpia de barrio trabajador y honrado; un entorno que, por cierto, recuerda al del Celler de Can Roca, el mejor restaurante del mundo. Y me da igual que los gurús de Restaurant lo pongan en segundo lugar en beneficio del extinto y espartano Noma.

20140718-124145-45705017.jpg

Que en Barbate exista un lugar de peregrinaje gastronómico, ampliamente reconocido y galardonado, con un interior aseado y agradable, platos notables y de cuidada presentación y con variados toques de refinamiento demuestra que en nuestro país la cocina ha llegado a grandes alturas en casi todas partes. Pero sobre todo, que el tesón y el esfuerzo tienen recompensa y que también en la cocina -o quizá más- se puede llegar muy alto empezando desde muy abajo. Una buena prueba del valor de la inteligencia/liderazgo emocional. Y de la coyuntural también…

20140718-124258-45778250.jpg

El Campero es el templo nacional -¿mundial?- del atún. Sus numerosos cortes y presentaciones asombran y deleitan, ya sean salazones, ahumados, escabeches, conservas, guisados, asados, crudos o braseados. Sus mejores recetas son las más sencillas, las que no lo embadurnan con salsas complicadas y lo acompañan tan sólo de una excelente mermelada de pimientos o de un crujiente cuscús de frutos secos.

20140718-124355-45835884.jpg

Nunca se han visto más diferentes cortes de atún, ni una manera más diestra de encontrarle el punto. La ventresca está churruscante por fuera y jugosa y untuosa por dentro. La parpatana, con permiso de Ricard Camarena, deliciosa, aunque sigo prefiriendo la de este, cocinada al vacío y acompañada de verdinas (Ramsés en el templo del glamrock).

20140718-124900-46140095.jpg

Los postres son más flojos y el lingote de chocolate parece un bombón helado de kiosco, pero bien es cierto que se llega a ellos henchido de mar y playa y con la atención -y las papilas gustativas- debilitadas.

20140718-124549-45949815.jpg

20140718-124626-45986047.jpg

Puede ser que, como afirma Nietzsche, todo lo feo debilita y deprime al hombre, pero también es verdad que la virtud es más valiosa que la fealdad. La belleza de El Campero está en el paladar, en toda una historia milenaria de amor y conocimiento del mar y en la coronación del esfuerzo y el trabajo bien hecho.

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

En la ciudad muerta

20140630-173854-63534724.jpg

Bruselas es una ciudad singular, un jardín sombrío de rosas oscuras donde nunca sale el sol, los belgas deambulan olvidados y la paz ordenada y melancólica de los cementerios brilla por doquier. La cocina belga no está entre las mejores del mundo pero cuenta entre sus aportaciones una realmente histórica: la patata frita. Muy influenciada por lo francés, la villa goza de un gran nivel en sus restaurantes medios pero los realmente excepcionales languidecen con ella.

20140630-173228-63148506.jpg

Comme Chez Soi ha reinado casi noventa años y más de veinticinco de ellos se ha engalanado con tres estrellas Michelin. Hoy es sólo un pálido reflejo de lo que fue, habiendo pasado de la primavera de la esperanza al invierno del desconsuelo. Su decadente belleza art noveau sigue intacta, sus vidrieras multicolores tiñen los deseos y las volutas de hierros y maderas envuelven los sueños, pero su cocina se ha anquilosado.

20140630-173227-63147413.jpg

Más por ella que por su decoración, Comme Chez Soi nos traslada al pasado, como si nada hubiese sucedido desde los ochenta. Sus elegantes platos franceses se decoran de un modo tan refinadamente anticuado que enternecen por su falta de imaginación. El abuso de salsas espesas que matan los sabores nos retrotrae a la premodernidad gastronómica. Es una pena que -salvo excepciones- la sublime cocina francesa no haya sabido innovar y haya sido sepultada por su propia perfección.

Los platos de la carta revelan maestría en técnicas complejas: el patito laqueado con miel de bergamota está en un punto perfecto, crujiente y tostado de piel y con un interior rosado y jugoso.

20140630-173547-63347755.jpg

Tras el magret, se sirve una ensalada con el confit que vuelve a cumplir con los cánones pero que no aporta gran cosa.

20140630-173546-63346545.jpg

El ragú de langosta es sabroso y contundente y el foie es tan bueno como en casi todas partes, pero todo es eterna repetición de viejas recetas, caducadas para siempre. Tampoco pegan en menús de cientos de euros, alcachofas rebozadas o crepes rellenas de juliana de verduras.

20140630-173449-63289441.jpg

Los postres vuelven a decepcionar por previsibles, por ya probados una y mil veces, por componerse de un modo banal y por abusar del helado como acompañamiento.

20140630-173811-63491628.jpg

Por eso, ni siquiera un excelente y entusiasta sumiller vallisoletano, «propietario» de una bodega de 35.000 incomparables botellas, que otrora fueron 55.000, logra avivar el tedio de este museo que es un lugar muy antiguo para gente muy mayor.

20140630-173717-63437226.jpg

20140630-173718-63438492.jpg

20140630-173720-63440031.jpg

Quizá Comme Chez Soi sea una perfecta metáfora de Europa: bella, refinada, culta, cansada, anciana, asustada y ¡sin saber qué hacer!

20140630-180026-64826907.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

El cordero místico

El día de la proclamación del Rey estaba en Gante y sufrí el síndrome de Stendhal. La causa fue una prolongada exposición a la insoportable belleza de El Cordero Místico, la deslumbrante obra de Van Eyck. Dos días después estaba comiéndomelo en Paris. O así me pareció, porque las chuletillas de Robuchon me provocaron efectos semejantes a los del cuadro. En Gante tuve un vahído por la explosión multicolor del cuadro, la limpidez de sus cielos, la exquisitez de sus detalles y la complejidad de la composición. Estaba ante la auténtica perfección.

20140702-211143-76303875.jpg

Las chuletas me cautivaron por su sencillez, la suave intensidad de su sabor y porque, para llegar a esta simplicidad, hay que despojarse de lo todo lo que es superfluo y recorrer todos los caminos del conocimiento. Para pintar como Miró lo hacía, con aquella filosófica y sabia ingenuidad, hay que saberlo todo y olvidarlo todo.

Jöel Robuchon es una estrella de la cocina mundial y también el más español de los cocineros franceses: por su apasionada entrega al mejor jamón, a la rusticidad de los ibéricos o a la genialidad de un gazpacho servido, eso sí, con elegancia francesa; en cono de vidrio sobre hielo picado. Huyendo de las exageradas y opresivas maneras de los tres estrellas -quizá por eso sólo cuenta con dos- el restaurante es una mezcla de discoteca -por la decoración-, bistró moderno y gran cocina, un canto al Mediterráneo y a esa sencillez que parte de la maestría, no de la impericia.

20140702-210203-75723357.jpg

Así, sublima unos calamares con alcachofas, alegrándolos con un chispeante picadillo de ibéricos y haciéndolos parecer macarrones.

20140702-210318-75798414.jpg

De las gyosas hace flores y remata un plato bello, leve y de intensos sabores. Antes de probarlo ya se disfruta del fucsia de la salsa y de los penetrantes aromas de hierbas y especias, en cuyo tratamiento el cocinero es un genio.

20140702-210317-75797250.jpg

Los salmonetes con espuma de cúrcuma amarilla, setas de primavera y guisantes en diferentes texturas son excelentes,,no sólo por la calidad de la legumbre sino también por la original mezcla de sabores y por la belleza de la combinación de colores.

20140702-210508-75908595.jpg

Las diminutas chuletas de cordero (místico), son la excelsitud perfumada de ajo y tomillo. Más vale no acordarse del animal porque son verdaderamente diminutas y eso hace que su sabor a lechal sea sencillamente insuperable.

20140702-210509-75909770.jpg

Los postres no van a la zaga y los chocolates alcanzan cotas magistrales. Soy un auténtico adicto a ese manjar y, por muy crítico que sea con la «antigüedad» de la cocina francesa, considero que no hay nadie que lo mime como ellos. Aún recuerdo como el mejor de mi vida aquel coulant, ¡sin harina!, de Lucas Carton.

Con Robuchon se plantea el mismo dilema que con el arte moderno, si la obra debe ser ejecutada personalmente por el artista o basta su aliento inspirador sobre un taller de cientos de colaboradores. Hirst versus Antonio López. El cocinero de esta franquicia global no está en la cocina y se limita a enseñar y diseñar los platos. En un mundo ideal, lo perfecto sería que el maestro ideara y ejecutara la obra maestra, pero en el real, en el que habitamos, mejor optar por el fecundo hálito del artista que por el esfuerzo inane del aprendiz.

20140702-212756-77276056.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

En un jardín palaciego

Hay tres jardines en Madrid, donde son escasos, que resaltan sobre todos los demás: el del hotel Ritz, el del restaurante Iroco y el del palacio -hoy hotel- de Santo Mauro. En ninguno de los tres se come especialmente bien, pero todos merecen una visita que haga perder la mirada entre las frondas y disfrutar del frescor de sus umbríos rincones.

20140625-160443-57883219.jpg

20140625-160444-57884345.jpg

Tanto el Ritz como el Santo Mauro son considerablemente caros pero en este último existe una fórmula tan adecuada como asequible: el brunch dominical a 39€. No es una maravilla pero vale la pena.

20140625-160602-57962908.jpg

Los bollos son excelentes aunque los panes llegan a la mesa algo resecos, quizá por una mala conservación en el jardín. Hay cinco primeros y otros tantos segundos para elegir. Las tortitas no tienen la esponjosidad esperada pero su sabor mantiene el dulzor perfecto.

20140625-160718-58038745.jpg

20140625-160720-58040336.jpg

En cualquier caso son mejor opción que una ensalada de tomate y ventresca francamente corriente.

20140625-160825-58105881.jpg

Entre los segundos, son buenos los huevos fritos con jamón, especialmente por la calidad de este último.

20140625-160911-58151281.jpg

Los que no lo son tanto son unos huevos benedictine cuya densa y basta salsa holandesa deja mucho que desear. Al igual que las tortitas, echa de menos la liviandad de estas preparaciones. Las patatas fritas son tan lamentables que las dejaremos sin comentario.

20140625-160953-58193964.jpg

Afortunadamente, los zumos elevan el nivel, al igual que las mimosas que, insisten ellos, elaboran con champán. Como si eso no fuera lo ortodoxo. El servicio tampoco está la altura de un hotel de lujo. Es escaso y poco elegante pero ya se sabe, hoy en día, todo lo que cuesta menos de 80 o 90€ por persona no parece dar derecho a una atención refinada y exigente. Paciencia…

20140625-161036-58236546.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Un dandy entre peroles

20140615-204636-74796158.jpg

Cuando sea mayor imitaré las Memorias de un Esteta de Harold Acton (ed. Pretextos) e intentaré escribir las de un dandy o quizá, las de un asceta. Mientras tanto observo y veo que, en la cocina española, sobran los poligoneros (Arola) y los cursis (Jordi Cruz) y faltan los dandys (Quique Dacosta o Ramón Freixa). cuestión asaz relevante cuando los cocineros, junto con los futbolistas, dios sabrá por qué, se han convertido en modelos de estilo.
Freixa, siendo catalán, pertenece con Roncero y Muñoz, a la santísima trinidad de los cocineros madrileños. Ventajas del cosmopolitismo frente al nacionalismo reductor porque juntos somos mejores.

20140615-204826-74906467.jpg

Lo primero que llama la atención de su restaurante es la elegante cristalería, las refinadas mantelerías (es de los pocos que cambian la servilleta a los postres) y unas bellas vajillas en las que cada plato enmarca sutilmente la obra. La estética de la presentación nos seduce antes de sucumbir a aromas o a sabores. También destacan la benéfica omnipresencia del cocinero y un equipo que es un ballet perfecto.
Es cocina moderna basada en el equilibrio. Cada receta se compone de varias preparaciones que, completas e independientes por sí solas, sólo adquieren plena unidad en conjunto, algo así como los juegos visuales del James Turrell. Su menú de verano es un canto al Mediterráneo y combina todas las delicias de la estación. Devoto del tomate, cada año le dedica un plato restallante de sabor, frescura y color.

20140615-114548-42348815.jpg

Da igual que lo mezcle con una jugosa ventresca, con cebollitas rellenas de Idiazábal o hasta con Bourbon y flores porque en cada bocado está en plenitud todo el sabor de los tomates y en los ojos toda la gama de rojos, naranjas, amarillos o verdes.

20140615-205042-75042118.jpg

20140615-205040-75040368.jpg

Aquí hay de todo, sabores primigenios, respeto al producto y hasta sorpresa y juego. Como la que depara el refrescante y delicioso polo de tomate, un exquisito e infantil sorbete, encantadoramente presentado.

20140615-205207-75127690.jpg

Los canelones de tres carnes son pura tradición renovada, porque Freixa es un clásico contemporáneo. Innova pero rindiendo homenaje al más puro clasicismo. De sabor contundente y antiguo, se suavizan con espárragos trigueros y con el misterioso sabor a bosque de los perretxikos.

20140615-205257-75177406.jpg

El jarrete también es clasicismo puro y técnica perfecta. Se deshace en el plato y se disuelve en la boca, gracias a la calidad de un lechal elegido con cuidado y a las muchas horas de mimo con que lo cocina. Nada más y nada menos que doce. Con esos elementos, cabe imaginar lo sobresaliente del resultado.

20140615-205400-75240510.jpg

La salsa es intensa y aromática pero sin los rastros de grasas que suelen hacer peligrar a este tipo de platos. Acompañado de minizanahorias, judías verdes, tirabeques, un nabo en miniatura y un untuoso puré de patatas, se trata de una receta sin artificios y una prueba excelente de las muchas técnicas y cocinas que Freixa domina.

20140615-205446-75286276.jpg

20140615-205447-75287468.jpg

Los postres son de una riqueza extraordinaria, sean chocolates o frutas. Con todos hace magia y en todos el respeto por cada ingrediente es sobresaliente.

20140615-205641-75401019.jpg

20140615-205642-75402239.jpg

Dijo Baudelaire que para ser dandy hay que ser sublime sin interrupción. Digo yo que para ser gran cocinero hay que ser creativo sin detención y laborioso con obstinación.

20140615-205740-75460324.jpg

MI MENÚ:

20140615-210654-76014371.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

El clan de los wagnerianos

20140601-110749-40069984.jpg

20140601-110749-40069759.jpg

Cuando los aristócratas empezaron a ceder paso a los burgueses, se juntaron a conversar sobre toros en Labradores (Sevilla), de velocipedos en el Nuevo Club (Madrid) o simplemente de dinero en La Bilbaína (imaginen dónde). En Barcelona, poseedora de la elite más culta y refinada de España, mecenas de los aéreos y etéreos juegos de Gaudí y de la belleza decadente de Rusiñol, los asuntos eran más elevados y su gran club se creó en torno a la ópera. Lo que parecía más propio de Viena o Berlín sucedió allí. Es el Círculo del Liceo que sigue aún muy vivo y permanece como uno de los grandes templos de la cultura y el buen gusto.
Posee vidrieras wagnerianas, muebles modernistas y una turbadora colección de cuadros de Casas, repleta de mujeres indómitas y modernas, audaces aurigas que ya conducían cuando la dama del Bugatti verde de Tamara de Lempicka, aún no había nacido.

20140601-110920-40160851.jpg

Tiene también un bello restaurante, parado en el tiempo y de civilizadas costumbres: los socios encargan una cena sencilla que se toma en el entreacto y que se sirve previapreví para ganar tiempo. Sin embargo, en tierra de refinamiento gastronómico y cuna Adriás y Rocas, el menú no está a la altura: foie de supermercado, salmón ahumado de sobre, ramplones biquinis y un jamón mediocre acompañado de un pésimo pan. Y eso, en la ciudad de las panaderías exquisitas. La carta de diario tampoco es mejor.

20140601-111023-40223505.jpg

Quizá la superioridad intelectual de estos melómanos admirables no se avenga con algo tan terrenal como la comida o quizá olviden que su Wagner quería arte total y que no hay ópera completa sin goces materiales, ni gran cocina huérfana de arte. pero habria que tomarlo en serio y poner los platos a la altura de tanta belleza; aquí y en el Real, donde en un comedor grandioso de techos estrellados se sirve comida colegial.

20140601-111405-40445470.jpg

La ópera y la cultura son Marca de España pero aún más la gastronomía, donde somos números uno. Por eso, museos y teatros debieran exhibir nuestra gran cocina en una experiencia sensorial total. Como hace el Guggenheim, donde reina Josean Alija, uno de los grandes.

20140601-111441-40481112.jpg

20140601-111641-40601846.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Polvos dorados

20140601-112717-41237884.jpg

Watching people: dícese del lugar donde los más atolondrados van a mirar y a ser admirados (o donde borrachos exquisitos conjuran las tristezas del atardecer).
Sin embargo, la pregunta es, ¿se puede comer bien en estos modernos palacios de la banalidad? Quizá sí en París (Monsieur Bleu), Miami (Zuma) o Los Angeles (Spago), sin duda en Londres (Dinner), pero no en España. Y eso, a pesar de la excelsa contribución que hizo a la historia de la gastronomía universal nuestro wtaching people cañí por excelencia, Casa Lucio: aquellos huevos rotos con patatas fritas que aún hoy le dan fuste y fama para estupor de los adrianistas o sea, los fieles devotos de Sant Ferrán Adriá.
El más reciente de estos «no lugares», cumple todas estas reglas y se llama Otto. Nadie sabe por qué, ya que está en Madrid, no es propiedad de italianos, aunque tenga burrata y su cocina es, dicen ellos, de «corte mediterráneo», suponiendo que el foie lo sea. La carta es un batiburrillo de soserías intrascendentes que van desde una tabla de chacinas corrientes a las alcachofas salteadas, pasando por grandes pedazos de las carnes más insípidas y peor cocinadas o por una crema de queso a la que, tampoco nadie sabe por qué, llaman tarta.
Un jueves cualquiera andan por allí Vicky Martín Berrocal, María Zurita, Marina Castaño, Boris Izaguirre, Javier Hidalgo, Rosauro Baro, le propietaire, numerosas señoras bien, tan mayores como desubicadas y chicos en camiseta, acompañados de rubias oxigenadas y plastificadas, que si no fueran del barrio de Salamanca serían de Mujeres, Hombres y Viceversa, ese programa que ennoblece la belleza del músculo, el tatuaje y la silicona mientras guerrea con las neuronas. Al único que se echa de menos es a Thomas Hardy, aquel autor visionario que ya en 1873, doscientos años antes que McLuhan, dijo: «hoy día hay tanta gente que se hace un nombre, que me parece más distinguido permanecer en la sombra».
Deben acudir a Otto?
No, si les gusta comer y los decorados con alma.
Sí, si adoran a los pijos castizos y a los famosos por causas desconocidas.

20140601-112813-41293538.jpg

Estándar
Buenvivir, Gastronomía, Restaurantes

Más bistrós y menos tascas II

20140531-234507-85507457.jpg

Sobran en Madrid tascas toscas y faltan restaurantes de barrio en los que el refinamiento y el buen precio no estén reñidos, donde descubrir cosas nuevas y en los que la carta cambia con la estación, en busca siempre del más fresco y mejor producto. Lugares que abundan en Paris o en Roma y que son un regalo para los amantes del buen comer.
Así es LaKasa, un lugar donde beber desde una sidra bretona a un tinto del Duero portugués pasando por numerosos caldos elegidos con originalidad y mimo.
Acompañan a setas en escabeche con aroma a campo, zamburiñas sobre verduritas asadas o sabrosos mejillones con un perfecto punto picante. Excelentes platos de caza, en especial, la torcaz al curry, una combinación perfecta. Ahora tiene también unas intensas albóndigas de corzo y cangrejos de río, un plato original y especiado que renueva el ampurdanesa mar i muntanya con el mar y río. Lo refresca con brotes tiernos y guindillas consiguiendo un resultado moderadamente picante y altamente embriagador.

20140531-234140-85300754.jpg

Los fines de semana son días grandes en LaKasa porque se festejan con platos especiales. Los sábados un delicioso steak tartare. La mejor carne de solomillo coartada a cuchillo mezcla sus intensos rojos con el verde de las alcaparras o los amarillos de la mostaza de Dijon. El cocinero lo hace a la vista y como debe ser, con sabores fuertes que dan vida a la carne sin apagar su sabor.

20140531-234250-85370379.jpg

Los domingos es el día del, realmente magnífico, solomillo Wellington, un plato de la más alta cocina, tan tradicional como difícil de preparar por los diferentes puntos de carne y masa. Aquí el solomillo llega rosado y jugoso como lluvia púrpura y el hojaldre crujiente y con un dorado de atardecer campestre.

20140531-234402-85442213.jpg

Los imprescindibles quesos llegan cada mes desde un afinador francés que borda el Brillat Savarin y el Comte, el Charolais y el Laguiole o cualquiera que se le ponga por delante.
Es una pena que la negrura del ambiente y el animal print de los estampados, coloquen a LaKasa más cerca del escondrijo de Batman o de la residencia de los Adams, que del colorido, la tranquila creatividad y la alegría de sus platos.
Pero, ya saben… nadie -ni nada- es perfecto…

20140531-234627-85587564.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía

Members only

20140512-172405.jpg

20140512-172309.jpg

Un inglés es a su club lo que Proust a un suspiro. Por eso, cuando ya parecía todo inventado y que el club tradicional estaba abocado a morir de aburrimiento y languidez, un grupo de jóvenes posh crearon en Londres Soho House, un lugar mucho más cool que los de antaño y en el que los creativos y los artistas eran los más bienvenidos. No querían gente aburrida y por eso, transformaron las salas de lectura en cines -donde ver lo último, bebiendo una buena botella de vino- y los fumoir en discotecas. La idea fue tan exitosa que, en época de burbujas financieras y chicos ambiciosos que se comían el mundo , se extendió primero a Nueva York y más tarde, a otras ciudades de EUA, Canadá y Europa, convirtiéndose en una franquicia semiglobal del buen gusto y la modernidad distraída y repensada.

20140512-172439.jpg

El que más me gusta -y no los conozco todos- es el de Miami porque no hay ciudad menos inglesa y de caballerescos clubs que esta. Por eso le cuadran bien la elegancia deconstruida y esa aureola de lánguida canalla que son el sello distintivo de una casa en la que pueden aparecer desde Leonardo Di Caprio a Beckam pasando por la iridiscente Alessandra Ambrosio. También podría hacerlo Bertie Wooster redivivo.
Miami Beach Soho House se yergue junto a una playa refulgente, sobre el mar tibio y azul eléctrico de Florida y cuenta además con varias habitaciones. El brunch del domingo, el más trendy y única alternativa a la elegancia acartonada que envuelve el del Ritz Carlton, gira en torno a un enorme y colorido surtido de exquisiteces italianas, mariscos de la zona y deliciosos postres de todo el mundo aunque la comida no es lo más importante.

20140512-172611.jpg

Todo se degusta a la sombra de los emparrados que protegen del céfiro ardiente y por los que apenas se filtran algunos rayos de inmisericorde sol, los mismos que dan brillo a carnes prietas y cuerpos atezados, tililan en bellinis y mimosas y destellan en campanillas de cristal, diamantes ambarinos y en todos los relojes de oro de la ciudad.
Y además, otra una buena noticia, los no socios también pueden entrar a comer pero, por un consejo, esmérense con el atuendo o serán rápidamente detectados y yo… negaré haber escrito esto!!!

20140512-172710.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Un brunch para el hada Melusina

20140519-212814-77294571.jpg

Un recóndito jardín a salvo del mundo, buena comida, manteles de picnic y vajillas de flores. Eso es todo lo que que debe contener una merienda elegante o también un brunch. Uno de verdad y no esos grandes banquetes, en plan buffet, que se hacen pasar por aquellos.
El mejor de Madrid, también lo tiene Ramón Freixa. Y cumple con la ortodoxia en los contenidos y en los horarios también. En la mesa, zumos variados -incluidos un delicioso detox de zanahoria y manzana-, los deliciosos bollos de Ramón, yogures con cereales y frutos rojos y unas crujientes tostadas, listas para la mantequilla y las variadas mermeladas o el más saludable pan tumaca.

20140519-212938-77378071.jpg

Después llegan los platos fuertes acompañados de bulliciosos bellinis: un gran biquini trufado de ibérico, una crujiente coca de berenjena y manchego, la original y sabrosa tortilla destructurada que sirve en tarros de yogur antiguo, los diminutos y delicados benedictine de codorniz y la sabrosísima hamburguesa de cerdo y ternera, con sorpresa…

20140519-213049-77449057.jpg

20140519-213050-77450266.jpg

20140519-213051-77451459.jpg

Para acabar este brunchquete, chocolates y los macarrons excelentes y coloridos pero nada tan notable como la deliciosa tarta de limón y es que, para quien no lo sepa, Freixa también domina la repostería.
Una experiencia única, en la que sólo faltan Titania y Oberón. Porque Puck y Melusina sí estaban.

20140519-213200-77520096.jpg

Estándar