No me gusta nada que llamen chiringuito a Es Fumeral. Un chiringuito es, según el DLE, un quiosco o puesto de bebidas, generalmente al aire libre, donde aveces también se sirve comida, pero para mucha gente es cualquier sitio que esté en la playa.

Pues bien, Es Fumeral es un excelente restaurante sobre el mar, un lugar de alto nivel, con vistas increíbles, buen menaje y servilletas, servicio abundante y profesional, un sumiller excepcional -que dejó Alchemist por él- y hasta un estupendo aparcacoches (sí en la playa).
Frente al otro grande de Ibiza, Jondal, la loca Ibiza del desfase en estado puro y el exceso fascinante, este es el lujo tranquilo de los veraneantes de siempre y de los alérgicos a la exuberancia.
Todo está cuidadísimo y los detalles son tan sutiles que no todos los verán, porque Alberto Pacheco no quiere imponerse al producto, sino realzarlo con toques sutiles y escondidos: un picante, un marinado, un aliño, una salsa suave, etc.

Mimos como poner atún a un matrimonio, que ya es trío, o una pizca de picante y puntitas de piparra a la ensaladilla cremosa o hacer la raya en salpicón (la mejor que he probado).


Las ostras tienen una excitante salsa picante que parece Bloody Mary sin alcohol -la misma de su gran ceviche que tiene mucho de tiradito a la mexicana-, las delicadas gambas blancas de Huelva, una pizca de chile habanero y las finas láminas de atún, puntos de tonnato y alcaparras fritas.




Y después de esos crudos, algunos de los mejores fritos de España, crujientes y dorados como trigo estival: tiernas esoardeñas y blanquísima merluza marinada con limón con deliciosa mahonesa, bogavante abuñuelado con salsa rosa o pequeños mejillones tigre muy crocantes y un poco picantes.




Me han gustado mucho las almejas a la putanesca, una salsa magnífica no solo para pasta. Quizá, eso sí, usaría almejas un poco peores porque quedan algo desvaídas.

Es un gran plato nuevo como la tortilla vaga (abierta) con bacalao y piparra, -una versión espléndida de las de las sidrerías vascas super jugosas y cremosa- y la berenjena milanesa, asada, empanada, frita y cubierta de salsa huancaina y parmesano rallado. Llena de sabor, va de lo crujiente a lo cremoso.

El tonkatsu de atún es suculento y delicioso. Lo acompaña esa especie de Ketchup que japonés que está delicioso. La fideuá de mero tiene un fideo medio que, con más mordida, queda mucho mejor. Me encanta el mero pero aquí solo importan esos fideos embebidos de jugo de mar.


Diría yo que el arroz con leche de Pacheco es el mejor y además uno de los grandes postres españoles. Parece mezclado con nata, es súper cremoso y apenas tiene azúcar porque el dulzor lo deja para las muchas frutas y los puntos de dulce de leche que lo coronan. También me encanta el elegante aprovechamiento ibicenco de la ensaimada, porque la convierten en un goloso pudding que rezuma caramelo.


Ya lo sabe todo el mundo y por eso hasta triplican mesa sin que sea molesto. Vuelva o vayan por primera vez. No lo olvidarán.


Y para seguir con la exhibición de buenos productos, una original selección de crustáceos de la misma familia: camarón de la Ría, gambas blancas de Marbella, langostino de Sanlúcar y alistado de Huelva. Qué les voy a decir. Todos finos y elegantes, todos con una cocción perfecta y que dejaba ver bien las grandes diferencias de sabor entre productos aparentemente similares.
El tartar de quisquillas no está completamente crudo, sino levemente aliñado con un excelente aceite. A su blandura se contraponen como contraste las cabezas fritas que se comen como un chip.
Aún más originales resultan las navajas fritas. Parece que han probado varias fórmulas. Ahora engañan a la vista haciéndolas parecer un pescado frito. El contraste del molusco con la perfecta fritura es delicioso y aún más por el toque siempre perfecto de un buen jamón.
No estaríamos en Málaga si faltaran los espetos, ya saben esa original manera de asar pescado en cañas clavadas en la arena, a la vera de las brasas. Hemos probado la reina de esta técnica, una sardina, pequeña pero muy sabrosa como son las de aquí, y un delicioso salmonete. Impecables.
Uno de los platos estrella llega ahora. Parece que la abuela del chef -afortunado él- cocinaba los langostinos de Sanlúcar apenas con unos ajos y algo de amontillado. Están deliciosos. Lo que no hacía la abuela pero sí hace él era acompañarlos de las cabezas fritas y es una gran idea porque resultan muy bien. Mantienen los jugos, pero se come todo.












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