Buenvivir, Cocina, Diseño, Food, Gastronomía, Gastronomía, Hoteles, Lifestyle, Restaurantes

JNCQUOI Table

Siendo tan gran cocinero, el nombre de Filipe Carvalho se ha asociado automáticamente al de Martín Berasategui, con quien estuvo en Lasarte hasta las tres estrellas, para después abrir Fifty Seconds en Lisboa. Hasta que aquel lo dejó.

Como chef ejecutivo del famoso grupo JNCQUOI, que ha mejorado enormemente, tampoco se podía lucir mucho. Hasta ahora, porque ya ha podido abrir su proyecto más personal y sofisticado en los bajos de JNCQUOI Fish.

Se llama Table y es un gran templo del pescado, que es tratado con elegancia, técnicas abundantes, cierta modernidad y un barroquismo de colores y sabores abrumador.

Después de un aperitivo en el bello bar, que es como un laberinto de cristal, merced al juego de espejos y luces, nos internan, a través de muchas puertas, en un sancta sanctorum, para solo 12 personas, en torno a una cómoda barra en la que trajinan él y sus ayudantes.

Ya desde los aperitivos, embelesa con elegancia colorista y muchos sabores. Una estupenda tartaleta de arroz con aguacate, centollo, buey de mar y huevas compite en fragilidad con una «pizza» de burrata, piñones, anchoas y parmesano y otra de plancton con cremoso tartar de hamachi y puerro frito.

Y aún faltan los calientes: una gamba con su tartar, mayonesa de kimchi y ponzu y una colosal yema de huevo rebozada en mantequilla noisette con caviar. Toda una exhibición de elegancia y complicación en pequeños bocados que llegan al corazón (como se dice del dim sum).

Pero también hay profundidad en lo simple: una bocanada de mar con percebes y caviar bañados en el caldo templado de la cocción.

Inunda la boca el espumoso tartar de atún y manzana con helado de regaliz y espuma de jalapeño.

Un extraordinario crujiente brioche (hecho en espiral hasta un corazón tierno) acompaña a una gran mantequilla con caviar y a todo un repertorio de coliflor (caldo, crema, emulsión y cuscús) que envuelve una dulce vieira, aún más por la mantequilla noisette.

Siguen más grandes mezclas: gambas blancas con foie y tortellini de berenjena ahumada y un gran consomé de lemon grass y jengibre. Y para abrir los sentidos, una tosta de pimienta de Espelette con todos los ingredientes del caldo.

El salmonete, con sus espinas crujientes, es puro solomillo Rossini de Botura, deslumbrante colorido de texturas de tomate, suave curry de hierbas y potente salsa de las espinas, el hígado y vinagre de Jerez.

Como concesión a los que no perdonan la carne, un fastuoso rollo de cordero lechal con sus diminutas y exquisitas mollejas. Lo refresca con kéfir, vinagre balsámico de Módena, un gran pesto de ajo negro y verduritas. Para que quede claro que también es señor de las carnes.

El postre de limón es un bello trampantojo lleno de sabor a cítricos y yerbabuena, potenciados por la ralladura de la lima y el crujiente del chocolate blanco.

Muy sobrio si se compara con la explosión de cremas de café y almendra, sorbete de clementina y polvo helado de almendras.

Tres magníficos bocados acaban con la exhibición: tarta de queso, choux de manzanilla y magnum de frambuesa y yogur.

Sirven los cocineros, pero con el apoyo de dos eficaces camareros a los que casi ni se siente. Es una magnífica y divertida cena en la que brillan los muchos saberes y la elegancia de Filipe, más que bien secundado por un sensible y refinado sumiller, Filipe Wang, que maneja con el mismo talento un Palo Cortado que un sake, un champán sin burbujas o un espléndido Madeira.

Estándar
Buenvivir, Cocina, Diseño, Food, Gastronomía, Lifestyle, Restaurantes

Belcanto de José Avillez

Jose Avillez es uno de los chefs más famosos de Portugal y, sin duda, el más exitoso porqie su cadena de restaurantes es enorme y su nombre una marca. Sin embargo, ha tenido el acierto de mimar su local con dos estrellas Michelin y que ya merece la tercera. A pesar de sus fórmulas más comerciales, este sigue siendo la niña de sus ojos. Se llama Belcanto y hace dos años volvió a cambiar de local (se lo conté aquí) para encontrar por fin -y justo al lado- el lujoso y elegante lugar que merecía su cocina. A pesar de la fama, sigue cocinando y estando allí siempre que puede. Por eso, he roto mis hábitos de no meterme estas comilonas por la noche. Pero era la última que estaba antes de un viaje a Dubái.

Y esa presencia de los chefs se nota. Este es en un restaurante elegante y de exquisito servicio y una cocina que mezcla técnicas de vanguardia con bases portuguesas, preparaciones y saberes tradicionales, maestría técnica, sabores potentes o sutiles, según el plato, productos excelsos (ay la despensa portuguesa, qué maravilla…) y una elegancia a raudales que compone bellísimos platos.

Y estando él, nos ha preparado un menú con platos nuevos, pero también otros de años pasados y que mantiene, cosa que no sé por qué no hacen los demás (quizá porque no tienen carta y aquí sí la hay). Por eso les pondré los años. Empezamos por el dirty sauquini ( 2020) con saúco, espuma de limonada y sal de paprica, lo que constituye una ingeniosa variación del Dry Martini. Para acompañar un pan bao delicioso con anguila ahumada, hígado de bacalao y huevas de salmón (2020), una mezcla de sabores fuertes y excelentes.

El tártaro de ostra con vientre de atún y borraja (2020) es mucho mejor que una simple ostra. Tiene muchos más sabores (el atún le queda perfecto a la ostra), un toque picante y una estupenda (y bonita) perla de manzana que es una delicioso bombón líquido que suaviza los sabores fuertes. Llega con una esfera de oro de foie gras, albaricoque y Oporto (2021) que es puro foie con unos suaves aromas de fruta que lo realzan. Y hay dos delicias más: picadillo de calamares con piel de pollo asado, crema de yema de huevo y huatacay (2021) -que es una mezcla excitante y fantástica- y tostada de carbón con sardina braseada, pimientos asados y berenjena, un original homenaje al plato primaveral (y veraniego) más clásico de Lisboa.

Ei primer plato evoca la clásica ensalada de zanahoria del Algarve (2021). Muchas texturas de zanahoria (en crema, encurtida, esferifucada, confitada) con leche de piñón (que me recuerda al ajoblanco), caviar de altramuces (helado con nitrógeno), esferificacion de aceitunas y algo de aceite. Delicioso. Un platazo moderno basado en lo más tradicional y sencillo que imaginarse pueda.

Hay un capítulo muy interesante, ya contado en posts anteriores, de panes y mantequillas, que sirven ahora. Estas son de carbón (con cenizas vegetales), farinheira (que es un embutido portugués algo parecido al chorizo) y normal de las Azores, que es mi preferida. Los panes son de aceitunas, blanco de un trigo autóctono y de maíz, que aquí se llama broa y es muy popular.

Lo sirven antes de la ensalada Cesar de bogavante (2021) que en realidad son varias porque además, lleva diversas texturas de aguacate, canelón de aguacate y bogavante, este en tempura y rematando, emulsión de trufa y yuzu, -donde no noté la trufa-, y granizado de tomate.

Venía soñando con una cosa en la que siempre ha sido especialista Avillez y que nunca ha faltado en sus cartas y es el carabinero. Ahora es uno de primavera al curry (2020), delicioso el curry pero con menos especias para no matar su sabor. La salsa además, se adorna con el jugo de las cabezas. Tiene también una ensalada de lima, gel de manzana (que da un toque frutal delicioso), espárragos y ceniza vegetal. Un plato en el que la salsa es de una riqueza y profundidad impresionantes.

El salmonete asado (2021) es un plato tan barroco como lleno de sabores. Tiene dos salsas: una de carabinero y otra llamada emulsión del mar y que sabe a pescado y a algas. Como acompañamientos, caviar, peixinhos da horta (los súper típicos aperitivos de judías verdes rebozadas que aquí hace la chulada de presentarlos con un nudo), calamares y alga codium. Un poco de puré de zanahoria y naranja, también muy del sur, aportan aún más sabores a este plato exuberante, excelente y lleno de matices.

Otra recta muy adornada es la merluza en hoja de higuera (2021) que llega ante nuestros ojos cubierta por la hoja mencionada. Cuando se descubre, aparece una estupenda tajada de merluza cocinada a baja temperatura con una salsa muy untuosa y cremosa también de merluza y que esconde cocochas, uvas, ajo y puerro. Lo más sorprendente es el acompañamiento de tostada pan de trigo con mantequilla de jamón e higo. Una mezcla muy original, algo disparatada y bastante buena.

La paloma asada es presentada antes de ser trinchada. La asan en heno y queda con un punto excelente. Está espléndida con sus toques ahumados, un poco de pak choi, una estupendas salsa de avellanas y canela y una emulsión de trufas pero me temo que tanta delicia es tan solo un pretexto para la verdadera estrella del plato, un asombroso pastel de nata reinventado y, para mi, que no soy tan goloso, hasta mejorado. La base es la misma de siempre pero el hojaldrado es especialmente bueno, sabroso y crujiente. El relleno, nada de crema pastelera, una excelsa mezcla de pichón, alcachofas y trufa. Sin duda, uno de los cénits de la cena y uno de los mejores pasteles salados que he comido nunca.

Nos disponíamos, ya sin fuerzas, ni físicas ni mentales, a tomar un postre, cuando observamos que el cuchillo es de carne, tipo navaja afiladísima y, para colmo llega -para colmo porque habría preferido algo normal para no comerlo o solo probarlo- una carne absolutamente memorable, mezcla de muchas cocinas del sur del Mediterráneo y del Algarve que es lo más mediterráneo de Portugal. Es la paleta de cordero rellena de leche (2021) una colosal mezcla de espléndido cordero lechal, cus cus libanés de gran tamaño (llamado cus cus perla) con las muy portuguesas habas con morcilla de arroz, menta y limón confitado marroquíes y un estupendo puré de habas y judías escondido por ahí. La mezcla de sabores a menta, cordero, limón, embutidos… no solo es que sea evocadora, es que resulta un regalo para los sentidos, porque los aromas son deliciosos y la vista de los colores, excitante. Un colofón espectacular.

Como primer postre, tocino de cielo y de la tierra (2021) y así se llama porque al dulce tradicional portugués a base de yemas y almendras se añaden elementos sorprendentes y nada frecuentes en un postre pero que funcionan a la perfección, como un sorbete de guisantes, muchas hierbas aromáticas -entre las que destaca el cilantro– y hasta una finísima lámina de tocino que se empasta a la perfección con el falso tocino que es el dulce así llamado. En la base y refrescando leche de piñones.

Texturas de fresa y tomate es otra de las mezclas diferentes y arriesgadas (aunque está ya más habitual) de las que le gustan al chef y ya conté de aquel extravagante (y rico) postre que hasta tenía tinta de calamar y aceite. Estas son fresas con nata en diferentes texturas y técnicas y con el buen añadido del tomate que tampoco es tan raro en postre, al menos desde que Ferrán Adria nos recordó que era una fruta. Se acaba con unas preciosas y muy sabrosas cerezas de nutella casera y con bolas de Berlín, el bollo más portugués (de masa frita y crema pastelera) y que casi los lleva a la rebelión cuando el gobierno quiso prohibir su venta en las playas.

No es barato como ningún dos estrellas Michelin – y que merecería tres- de este nivel, pero vale la pena al menos una vez, porque es comprensible y sensato, diferente y estimulante, clásico y moderno, popular y sofisticado, todo a la vez. Para gustar a vanguardistas y a comilones de toda la vida. Para mi, de lejos, el mejor de Lisboa y quizá de Portugal. En su mejor momento.

Estándar