Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

El fulgor de los astros

IMG_0731.JPG

Diego Guerrero, creador del Club Allard, en el que consiguió dos estrellas, era un artista sin mecenas. Peleado con estos, ellos siguieron como si tal cosa. Es como si la baronesa Von Meck, patrona de Tchaikovsky, o Ludovico Sforza, de Leonardo, hubieran pensado que el aprendiz podía ser como el maestro y hubieran continuando sin ellos. Y… copiando sus obras.

Además de censurar ese error, cabe preguntarse a quién pertenece el plato, porque los dueños de los restaurantes acostumbran a quedarse con las creaciones cuando el cocinero se va -o es ido-, situación que sería escandalosa en cualquier ámbito artístico. La obra es del creador o del patrocinador? Sea como fuere, lo importante es que el intérprete sólo copia y el creador inventa cosas nuevas.

IMG_0735.JPG

Quizá no hay mal que por bien no venga y esa crisis haya servido para que Guerrero pudiera prescindir de socios/jefes capitalistas y abrir su propio negocio, DSTAgE, un lugar imprescindible en el que se transita por los nuevos rumbos de la alta cocina: la participación del comensal, la interacción con los cocineros, el servicio respetuoso pero distendido y el espacio elegantemente informal.

Este parece un almacén a medio derruir, una hermosa nave de paredes desnudas y patio interior que es huerta y jardín. Un lugar neoyorquino y despretencioso realmente diferente, en el que la cocina está dentro del restaurante y en la que Diego y su equipo se afanan en un trabajo intenso y milímetrico.

IMG_0737.JPG

No hay carta. Sólo dos menús a 88 y 110€, precios ciertamente altos, pero que no me atreveria a calificar de caros, si tenemos en cuenta que para menos de 40 comensales trabajan casi 20 personas y que los platos son tan abundantes como singulares y costosos.

En todos revela una fuerte imaginación, excelente técnica y sobre todo, un enorme conocimiento de otras cocinas. En el menú actual, las influencias de México y Japón son enormes. Es estimulante ver a lo lejos la pasión y la minuciosidad con la que Guerrero, al frente de su gran y eficiente equipo, prepara cada plato. Dirigiendo e inspirando, pero trabajando como el que más.

La comida comienza en un bar de aire industrial y estudiadamente destartalado con un excelente y crujiente bocabit de ternera con salsa de cajún y anchoa

IMG_0727.JPG

Y con unas fresquísimas zamburiñas bloody de gran sabor y casi inexistente aliño porque no lo necesitan. Como ya hacia en el Club Allard las sirve en una caja de mariscos repleta de nitrógeno líquido que es como esa espesa niebla de los teatros, lo que allí llaman hielo seco. No creo que sea necesario, pero aporta gracia y espectáculo. La bastedad de la caja que desentonaba tanto en el ambiente burgués del Club, aquí resulta perfecta en tan desnudo decorado.

IMG_0728.JPG

IMG_0729.JPG

En la barra que separa la cocina del comedor y que permite disfrutar del espectáculo de unos artífices que parecen músicos, llega el sandwich de sandía helada, relleno de un guacamole levemente picante, sencillo, delicioso y sumamente inventivo, pura sandia previamente helada para endurecer la fruta que hace de pan. Se acompaña de un cóctel mexicanísimo a base de cerveza.

IMG_0730.JPG

La parte que se consume en la mesa comienza con unos bellos corazones de foie que mezclan dulce y salado a la manera de los Ferrero de foie de Freixa.

IMG_0732.JPG

El mochi de huitlacoche está perfectamente resuelto y la mezcla es deliciosa, aunque la masa es menos esponjosa de lo que debería o quizá es porque después de probar el de pato especiado de David Muñoz (ver Gran CIrco DiverXo), ya ninguno puede saber igual…

IMG_0733.JPG

La belleza de la ensalada de encurtidos con morrillo de salmón es lo primero que sorprende del plato. Hasta ese momento todo era correctamente estético, pero nada impresionante. Sin embargo, esta ensalada, fresca, sabrosa, llena de sabores y texturas que no se tapan, es una composición colorista y alegre, realmente pictórica.

IMG_0734.JPG

La torrija de pan tumaca con sardina ahumada es intensa y un descanso sencillo que nos prepara para una de las grandes especialidades de este chef, el trampantojo

IMG_0736.JPG

o sea, algo que parece lo que no es. Los raviolis de alubias de Tolosa son exactamente lo que su nombre indica, una preparación de ligera pasta rosada. En la realidad, es un plato de alubias porque, introducidos en la boca allí está todo, las alubias, los embutidos y hasta la col. Excelente y brillante.

IMG_0738.JPG

La kokotxa de bacalao al pil pil es correcta y perfectamente ejecutada porque el pil pil es una gran salsa de alta cocina, pero salida de los fogones del pueblo más sensible.

IMG_0739.JPG

El chicharro de aleta amarilla en escabeche de kombu es una manera distinta y cosmopolita de preparar un escabeche, mediante el inteligente uso del alga asiática.

IMG_0740.JPG

Lo mismo cabe decir de una castañuela envuelta en hoja de higuera y braseada con curry de coco, una salsa repleta de hojas de curry cultivadas en el patio hortícola del restaurante.

IMG_0741.JPG

IMG_0742.JPG

IMG_0743.JPG

Cuando tras tanta intensidad, todo puede parecer acabado, aún quedan dos sorpresas, los salmonetes en salmuera con escamas crujientes, un delicioso pescado alegrado con toques crujientes y

IMG_0744.JPG

la sorprendente tira de asado con tatemado, una carne macerada en la cámara durante treinta días y cocinada amorosamente a fuego lento, durante muchas horas. Tanto celo le da una delicadeza sin igual y una infiltración de grasa absolutamente perfecta. Se sirve con unas patatas machacadas en la misma mesa y emulsionadas con la intensa salsa de la carne, todo con ese delicioso toque quemado del que toma el nombre.

IMG_0745.JPG

IMG_0746.JPG

IMG_0747.JPG

Los postres nos llegan con las defensas ya muy bajas. Aún así, no están a la altura del resto. El bosque, a pesar de su belleza y de ese delicioso caracol que nos observa amistoso, es escasamente dulce y abusa del merengue

IMG_0748.JPG

y las palomitas de maíz con tocino de cielo y fresas parecen casi una vuelta a los aperitivos cuando lo que se necesita es dulzor y frescor y, para quién se atreve, la intensidad de los chocolates o los sabores fuertes del café o la vainilla.

IMG_0749.JPG

Esos deseos no se sacian con el ajo morado, pero si los de perfección y sorpresa porque, con él, Guerero vuelve a las más altas cotas sirviendo una «auténtica» cabeza de ajos morados confeccionada a base de ajos negros, esos dientes que se dejan a su albur, hasta que ennegrecen y saben más a regaliz que a ajo. El juego es fascinante y el sabor sorprendente.

IMG_0750.JPG

Un excelente final para una comida llena de inventiva, originalidad y pericia técnica. La creatividad de Diego Guerrero, esta más viva que nunca después de tanto tiempo sin mostrarla en un restaurante. Lo demuestra que, acabado de abrir, ya merece los más grandes elogios. Esperemos que ya haya arribado a puerto y en él pueda demostrar que, como decía Victor Hugo, «la belleza vale tanto como lo útil, a veces más».

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

El fiel de la balanza

Santceloni es un nombre que evoca buenas y largas comidas a la sombra de los árboles, quesos cremosos elaborados por manos sabias, panes rústicos recién horneados, fruta madura, verduras de una huerta encantada y un refinamiento campestre olvidado entre el asfalto. Así acontece porque en Sant Celoni nació el ya legendario Santi Santa María, uno de nuestros grandes cocineros muerto muy antes de tiempo. Allí instaló también su Can Fabes, un lugar tan lleno de encantos que fue imposible de mantener sin su imponente presencia.

Permanece sin embargo y con las mismas virtudes, su obra madrileña, el resturante Santceloni, uno de los grandes, “heredado» por Oscar Velasco, un artesano discreto y trabajador que rehúye, como los artesanos de siempre, los brillos de la fama y los hechizos de la hiperexposición mediática o sea, una rara avis. Quizá también sea porque, como dice el maestro Ansón -quien dispone de una opulenta bodega en el restaurante-, Velasco no es un creador sino un gran intérprete, cosa nada baladí en arte porque Bach es el genio pero su mejor intérprete, Glenn Gould, también lo es. Y mejor una gran interpretación que una creación mediocre.

IMG_4951.JPG

El restaurante, hay que decirlo desde el principio, es uno de los más elegantes -y caros- de Madrid ; dispone de un personal de sala, quizá el mejor en su estilo, que en algunos aspectos deja pequeña la labor del cocinero aunque siempre la engrandece. Iluminado por dos elegantes patios ingleses (uno de ellos decorado por una colosal escultura del famoso Manolo Valdés), goza de ese leve toque rústico tan del gusto de Santamaría y no desmerece de la elegancia más clásica, consiguiendo realzarla gracias a su falta de pomposidad y artificio.

IMG_4942.JPG

Así es también su cocina, un discreto ejercicio de modernidad o un elegante aggiornamento del clasicismo. Por eso no levanta pasiones, pero gracias también a ello no implica esos esfuerzos físicos y mentales a los que casi siempre nos somete la más rabiosa vanguardia. Santceloni es en consecuencia, un lugar para todos los públicos, que ni decepciona a los amantes de lo moderno, ni enrabieta a los más conservadores.

IMG_4969.JPG

A todos conquista desde la entrada con la visión del relajante comedor y con la excitante visión de su mesa de quesos, una de las mejores de Europa, lo que equivale a decir del mundo. Las enormes hogazas de pan también prometen grandes goces y nos empujan a la mesa.

IMG_2435.JPG

Lástima que los aperitivos sean algo banales: los bocaditos crujientes no revelan nada de lo que ofrece este gran restaurante,

IMG_2419.JPG

aunque la crema de aguacate con caviar eleva algo el nivel.

IMG_2428.JPG

Lo mismo sucede con el primero de los platos, la caballa marinada con papas arrugás, limón y cilantro, una mezcla sin riesgos en la que lo mejor no es, como podría suponerse, el pescado, sino unas diminutas papas que les llegan desde Canarias y que son una especie de caviar de los tubérculos, una exquisitez rara de encontrar.

Excepcional por su sencillez es una original tosta de pollo de corral que por su aspecto parece de salmón marinado y eneldo, un pequeño trampantojo que resulta delicioso, a pesar de su humildad.

IMG_4958.JPG

Todo lo contrario, lo de la humildad digo, que los excelentes raviolis de ricotta ahumada con caviar. Lástima que no haya un poco más de intensidad en la pasta o en el queso para que el sabor del caviar no lo domine todo, aunque cualquiera se arriesga a que el carísimo protagonista del plato se diluya en elementos tan simples como pasta o requesón…

IMG_4961.JPG

Las cigalas (cigala) a la plancha con azafrán, pomelo y berros es en realidad y aunque no lo diga el nombre del plato (en la cocina de hoy, ¿son nombres o descripción de ingredientes?) la clásica cigala encebollada gallega, muy sutil, muy respetuosa con el magnífico crustáceo que nuevamente se engalana con papas arrugás, lo cual no cansa porque son deliciosas, únicas.

IMG_4964.JPG

El pato con puré de ciruelas secas, aceitunas y pera, participa del mismo espíritu que el resto del ágape, un protagonista de una calidad sobresaliente que no debe ser anulado o escondido por los accesorios, igualmente excelentes. Aquí la salsa es densa y deliciosa, perfecta para una carne fuerte y sabrosa, y el punto del asado, simplemente impecable. No hay más que ver la foto.

IMG_4967.JPG

En Santceloni los placeres salados no acaban, como en la mayoría de restaurantes españoles, con las carnes porque el festín de quesos que aquí se ofrece es, como ya queda dicho, absolutamente inigualable. Pero no es que sea incomparable con otros grandes restaurantes españoles, con poca tradición quesera, es que no se encuentra algo igual en ninguna parte, al menos que yo conozca. La elección es un suplicio. Como en la vida, toda opción conlleva una renuncia y aquí no se sabe si optar por el Beaufort, el Brie de Maeux, el belga afinado a la cerveza, el de Poyos, el Eppoisse, el ahumado de Camporreal, el Picón de Tresvisos y tantos y tantos otros, afinados, ahumados, viejos, tiernos, intensos, suaves, secos, cremosos, terrosos, alcohólicos, vegetales, mohosos…

IMG_4970.JPG

IMG_4971.JPG

Después de la experiencia quesera, poco importa que el postre sea lo más flojo con los aperitivos o quizá sea que la capacidad de contentamiento no de para más, pero lo cierto es que las fresas (deliciosas, pequeñas y tiernas) con queso fresco, Amaretto, café, menta y chicharrones son sorprendentemente corrientes.

IMG_4979.JPG

Pero poco importa. Santceloni es también grande por sus pequeños defectos y lo que queda en la memoria es su elegancia contenida y discreta, su servicio perfecto, su amor y respeto por las mejores materias primas, sus elaboraciones discretas, pero personales y el talento interpretativo de nuestro pequeño Karajan, menos que Mozart pero más que Frescobaldi…

IMG_4987.JPG
Manolo Valdés

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

La noche de las cúpulas doradas

La Santísima Trinidad de los cocineros madrileños está formada por Roncero, Freixa y Muñoz. Sé que lo he dicho muchas veces, pero no está de más repetirlo nuevamente, especialmente tras mi última visita a La Terraza del Casino y gozar con la brillante cocina de un Paco Roncero pletórico de vitalidad, madurez y creatividad. Domina la técnica, muchas técnicas, posee un barroco sentido estético y ha alcanzado una madurez encomiable. Si a ello le añadimos que en verano, su imaginación se traslada a la azotea del casino, la más bella de Madrid, el placer alcanza a todos los sentidos porque hasta se ocupa de que un dúo de piano y flauta redondeen sonoramente su obra.

20140728-162852-59332204.jpg

Rodeados por los más elegantes y afamados torreones de Madrid, obras decimonónicas de bronce y cobre, refulgentes con el brillo del tardío atardecer; observados por las inmóviles cuádrigas que rematan el antiguo banco de Bilbao, deleitados con los humildes tejados del barrio de las Cortes y deslumbrados con el dorado resplandor de la cúpula del Teatro Álcazar, nos instalamos en un recinto mágico desde el que contemplar los pictóricos cielos madrileños. Una estampa que convierte a este restaurante en el lugar más bello, romántico y cautivador del Madrid estival, una ciudad encantada de noches cortas y tan cálidas, que se cortan con un cuchillo.

20140728-162946-59386279.jpg

Hay que luchar por una de las mesas de la primera fila, para otear desde allí tan bello horizonte, y dejarse guiar por el excelente jefe de sala, Alejandro Rodríguez, que Roncero «robó» a Ramón Freixa y que dirige un pequeño ejército de camareros que funciona a la perfección, extremo trascendental cuando el menú se compone de dos decenas de platos.

20140728-163054-59454956.jpg

Todo empieza con un delicioso ginfizz, al que misteriosamente llaman gintonic, animado con nitrógeno líquido, yuzu y lima, además de con un bonsai bajo el que se esconden unos frutos de Campari que estallan en la boca y que son mezcla de naranja y Amaretto. Llegan después algunos de los aperitivos clásicos de Roncero, como la mantequilla de aceita, el que menos me gusta por su exceso de grasa, y los filipinos, una excelente mezcla de dulce y salado, de chocolate y foie.

20140728-231530-83730932.jpg

20140728-163202-59522852.jpg

o los moshi de queso de cabra y membrillo que también juegan con las texturas de lo sólido y lo líquido haciéndoles parecer una burrata en miniatura.

20140728-163458-59698427.jpg

Sensacionales las fragilísimas tostas de guacamole y arenque cuya delicadeza hace que se quiebren entre los dedos, lo mismo que los huevos fritos con patatas y chorizo, un pequeño buñuelo, cuyos sabores se funden a la vez en la boca, precediendo a una ligerísima tortillita de camarones que gusta incluso a los que no amamos esta preparación tan empalagosamente grasa. Esta no lo es y su toque de crujiente levedad la hace perfecta

20140728-163621-59781730.jpg

20140728-163620-59780638.jpg

20140728-163622-59782917.jpg

aunque el mejor de los aperitivos llega el último y también pleno de sensaciones fuertes y crocantes, el pato laqueado, mucho mejor conseguido que en los mejores chinos. Una verdadera delicia que sabe a muy poco.

20140728-163749-59869105.jpg

Algo tan sencillo y cotidiano como el gazpacho se transforma aquí en una esfera helada y cremosa que oculta la suntuosa y deliciosa carne del cangrejo real, un plato que sabe a lo que tiene que saber porque se disfraza en las formas pero respetando el fondo.

20140728-163840-59920972.jpg

20140728-163842-59922049.jpg

El caviar con almendra fresca es una mezcla deliciosa y que no necesita de mucho más. Con ella empiezan los intensos sabores del mar.

20140728-163934-59974367.jpg

La moluscada parece un fondo marino y su transparente y luminoso caldo frío encierra en un sólo un sorbo un intenso sabor a moluscos, a salitre y a día de mar, características que se repiten en los sabrosos ñoquis al pesto con sepietas, un plato de fusión inteligente porque la mezcla de la albahaca con el molusco es refrescante y perfecta.

20140728-164125-60085233.jpg

20140728-164126-60086317.jpg

La hierba aromática es el enlace perfecto con una de las grandes sorpresas del menú, una caja llena de verduritas en miniatura que «crecen» en una tierra que es salsa tártara suavizada con unas crujientes y terrosas migas. Diminutos espárragos, pequeñas zanahorias, tomatitos tiernos, brécol y coliflor en miniatura, crocantes endivias que alegran y relajan el paladar de tanto sabor intenso y lo preparan para la recta final

20140728-164303-60183777.jpg

que empieza con una paella de aceite y espuma de limón que, jugando con granos reales y falsos, de aceite o arroz frito mezclados con la espuma de limón, nos trasladan a las recetas de los chiringuitos levantinos a través de sabores conscientemente populares.

20140728-164404-60244165.jpg

Todo creador tiene su fase de descanso mental o su fatiga intelectual y esa le llega a Roncero con un lenguado a la menieure que, siendo bueno, inalcanzable pata otros, está por debajo de sus otras creaciones.

20140728-164803-60483840.jpg

Quizá es culpa suya por poner el listón tan alto. Quizá es un paso atrás para recobrar el impulso que se alcanza con un excelso costillar de waygu con yuca y dátiles, una carne tierna, sabrosa, muy jugosa y con un punto perfecto.

20140728-164404-60244507.jpg

Con el primer postre llega el delirio de la fantasía y la creatividad con un fanal que contiene una bellísima rosa roja pero que no es una rosa cualquiera, ni siquiera aquella de Juan Ramón -«no le toques ya más, que así es la rosa»- porque esta exige ser tocada. Y… mordida. El comensal, atónito, no sabe si se trata de una broma, porque la flor es auténtica y aromática pero esconde entre sus pétalos centrales otros insertados con mimo y pericia y que son manzana teñida.

20140728-164948-60588734.jpg

20140728-164948-60588497.jpg

Poco importa que no sea mucho más. El impacto visual, la sorpresa y la perfección del plato justifican toda una cena que ya perecería acabada pero aún hay más y no se sabe si elogiar una tarta de fresas deconstruida cuyos componentes saben a infancia y nata montada o la mezcla de texturas y sabores de la manzana y el yuzu.

20140728-165044-60644328.jpg

20140728-165044-60644726.jpg

Han sido veinte aperitivos y platos y aún faltan los originales chocolates (aceite, mojito, pimienta, jerez, etc) servidos en una gran caja de cristal, como las de los cuentos.

20140728-165440-60880058.jpg

Así acaba una cena excepcional y comienzan los recuerdos, porque el gran mérito de la cocina moderna es que nos hace jugar y soñar, recordar e imaginar. Y conseguir, como las flores de Wordsworth, que la belleza subsista en el recuerdo.
Estoy muy de acuerdo con las tres estrellas Michelin de David Muñoz, astros que premian el riesgo, el tesón, la vanguardia, el talento y el discurso gastronómico inteligente, pero por todo eso y alguna cosa más, Roncero también debería poseerlas.

20140728-165530-60930410.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Un dandy en zapatillas

20140721-171417-62057812.jpg

El Rey Carlos III nunca ha tenido una calle importante en Madrid, a pesar de ser su creador ilustrado. Al menos, sí tenía un cine, una de las más altas formas de ilustración. Ahora, ni calle ni cine; ya no tiene nada porque, en tiempos de monárquicos vergonzantes y republicanos escasos pero ruidosos, el antiguo y opulento cine Carlos III se ha convertido en Platea. Una verdadera pena porque fue un Rey singular y, al parecer, es modelo de Felipe VI, tanto que ha colocado su retrato sobre su silla de trabajo.
A la moda de los enormes cines de principios del siglo XX, el Carlos III fue el más refinado de los muchos que poblaban el entonces no tan elegante barrio de Salamanca. Sin embrago estaba a la altura del Palacio de la Música o del Avenida, verdaderos templos del lujo plagados de vidrieras, mármoles y pan de oro, escalinatas de barandillas sinuosas de bronce y latón, enormes espejos, mullidos terciopelos y luz a raudales.
Manteniendo esa estructura, Lázaro Rosa Violán ha hecho un trabajo encomiable respetando el espíritu de antaño, aunque transformándolo totalmente, En el patio de butacas y en el sótano, comunicados por una claraboya, se encuentran numerosos bares de comida, desde los de chacinas finas y quesos imposibles al pesto o a la cerveza negra, a los que ofrecen platos de cuchara o cocinas exóticas. Nunca seré cliente de esta parte porque, por muy elegantes que sean, no me interesan los autoservicios y las guerras por una mesa, pero la idea es interesante, exitosa y mucho más refinada que la de los mercados de San Antón o de San Miguel, donde sirven ostras en plato del plástico y se mezclan los puestos con los restaurantes.

20140721-170343-61423100.jpg

Todo aquí es diáfano y eso permite que cualquiera disfrute de un altísimo escenario donde se suceden proyecciones de muy diverso tipo e interesantes actuaciones musicales, aunque esto le daría igual a Carlos III, como bien padeció el arrogante y genial Farinelli. Todo se ha aprovechado y allí continúan las maderas torneadas, aunque ya no doradas, los terciopelos, algunos cueros y numerosos destellos de latón y azulejos vidriados «made in Lázaro», decorador famoso en Barcelona pero desconocido hasta hace poco en Madrid aunque ahora lo haga casi todo. Tanto que pronto habrá que poner una placa en los restaurantes y hoteles que no haya hecho, al modo de aquella que presidía El callejón de la Ternera y que rezaba, «en este restaurante nunca comió Hemingway«.
Un lugar, pues, para enseñar a los amigos, especialmente si son extranjeros y dudan de la recuperación porque los llenos son constantes, la inversión muy cuantiosa y el resultado apabullante.

20140721-170238-61358512.jpg

En Platea, como entre la tierra y el cielo, lo mejor está en las alturas, en el antiguo entresuelo, antes el lugar más barato y ahora sede del restaurante «low cost» -pero menos- de Ramón Freixa, Arriba, un nombre que noquea y desarma por su originalidad. Aquí se puede reservar, hay camareros y se divisa todo desde las alturas. También se disfruta del lado más tradicional y popular de Freixa aunque se trata de una simplicidad tamizada por las manos de uno de los grandes de la cocina moderna española que mejora y aligera recetas tradicionales, dándoles un toque enteramente nuevo.

20140721-170717-61637642.jpg

Para empezar propone cosas tan antiguas que resultan radicalmente modernas como el vermú, la sangría o un excelente Campari con zumo de naranja que llegan acompañados de unas excelentes nueces de macadamia al anís o unas patatas fritas al curry.

20140721-170848-61728182.jpg

Hay muchos, muchísimos platos donde elegir, cocas, hamburguesas, arroces, tapas, verdes, como él los llama, carnes y pescados. Para empezar, la coca de berenjenas se asienta sobre una perfecta masa tan fina como crujiente. La suavidad del vegetal contrasta con la fuerza del queso Brie y los sutiles aromas del aceite de trufa blanca. Los dátiles aportan dulzor y ligereza a una mezcla tradicional y novedosa a la vez.

20140721-170930-61770932.jpg

Las judías con tirabeques son sumamente refrescantes. Y necesarias, entre tanto plato contundente. Se saltean con tomates secos y almendras, se coronan con huevos escalfados de codorniz y se acompañan, en plato aparte, de ensalada verde. El resultado es excelente, tanto para el gusto como para la vista porque el plato es sabroso, saludable y colorido.

20140721-171059-61859991.jpg

20140721-171058-61858745.jpg

Como ya he gozado tantas veces del excelente socarrat de Freixa, una de sus grandes recreaciones, esta vez me he inclinado por el arroz a banda de carabineros, una receta llena de sabores de mar y de rojos de tierra. Sorprendentemente, el arroz está muy insípido. Mezclado con los carabineros limpios con los que se sirve, el sabor es excelente pero probado sólo, el arroz resulta carente de fuerza, ignoro si por casualidad o porque se ha intentado que la mezcla no resultara demasiado agresiva.

20140721-171226-61946874.jpg

Los macarrones, unos de los grandes platos de la cocina casera catalana, están sencillamente perfectos. Es cierto que fuera de Barcelona nos es difícil rendirnos ante este plato tan simple que a los catalanes les sabe a infancia, barrio y familia feliz, pero también es cierto que estos transportan a cualquiera, independientemente de donde haya nacido. La pasta tiene un punto perfecto y la carne y el queso gratinado la acompañan a la perfección sin ocultarla.

20140721-171319-61999594.jpg

Llegar al postre con hambre resulta harto difícil porque las raciones son generosas pero más lo es resistirse al larguísimo eclair de chocolate y avellana. La mezcla del cacao y el fruto seco, que también unta la masa con un toque crujiente, es excelente aunque aquella es mejorable. El helado de vainilla llega medio derretido pero aún así tiene un sabor a Madagascar -ya se sabe Madagascar sabe seguramente a vainilla- que perdura en el recuerdo tanto como la visión inacabable del postre.
Para rematar, el servicio es informal pero amable y eficaz y la carta de vinos todo un reto para los aficionados. Como no soy un experto, he de reconocer que no conocía ninguno de los propuestos, pero eso es porque Juan Manuel Serrano, el sumiller de Freixa, ha querido demostrar su omnisciencia creando una lista de vinos excelentes, baratos y eso sí, consciente o inconscientemente, desconocidos.
Para resumir, este es un lugar que se debe visitar. Un sitio ilustrado, elegante, arquitectónicamente espectacular y sin muchas complicaciones intelectuales. Como la corte de Carlos III.

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

En un jardín palaciego

Hay tres jardines en Madrid, donde son escasos, que resaltan sobre todos los demás: el del hotel Ritz, el del restaurante Iroco y el del palacio -hoy hotel- de Santo Mauro. En ninguno de los tres se come especialmente bien, pero todos merecen una visita que haga perder la mirada entre las frondas y disfrutar del frescor de sus umbríos rincones.

20140625-160443-57883219.jpg

20140625-160444-57884345.jpg

Tanto el Ritz como el Santo Mauro son considerablemente caros pero en este último existe una fórmula tan adecuada como asequible: el brunch dominical a 39€. No es una maravilla pero vale la pena.

20140625-160602-57962908.jpg

Los bollos son excelentes aunque los panes llegan a la mesa algo resecos, quizá por una mala conservación en el jardín. Hay cinco primeros y otros tantos segundos para elegir. Las tortitas no tienen la esponjosidad esperada pero su sabor mantiene el dulzor perfecto.

20140625-160718-58038745.jpg

20140625-160720-58040336.jpg

En cualquier caso son mejor opción que una ensalada de tomate y ventresca francamente corriente.

20140625-160825-58105881.jpg

Entre los segundos, son buenos los huevos fritos con jamón, especialmente por la calidad de este último.

20140625-160911-58151281.jpg

Los que no lo son tanto son unos huevos benedictine cuya densa y basta salsa holandesa deja mucho que desear. Al igual que las tortitas, echa de menos la liviandad de estas preparaciones. Las patatas fritas son tan lamentables que las dejaremos sin comentario.

20140625-160953-58193964.jpg

Afortunadamente, los zumos elevan el nivel, al igual que las mimosas que, insisten ellos, elaboran con champán. Como si eso no fuera lo ortodoxo. El servicio tampoco está la altura de un hotel de lujo. Es escaso y poco elegante pero ya se sabe, hoy en día, todo lo que cuesta menos de 80 o 90€ por persona no parece dar derecho a una atención refinada y exigente. Paciencia…

20140625-161036-58236546.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

El clan de los wagnerianos

20140601-110749-40069984.jpg

20140601-110749-40069759.jpg

Cuando los aristócratas empezaron a ceder paso a los burgueses, se juntaron a conversar sobre toros en Labradores (Sevilla), de velocipedos en el Nuevo Club (Madrid) o simplemente de dinero en La Bilbaína (imaginen dónde). En Barcelona, poseedora de la elite más culta y refinada de España, mecenas de los aéreos y etéreos juegos de Gaudí y de la belleza decadente de Rusiñol, los asuntos eran más elevados y su gran club se creó en torno a la ópera. Lo que parecía más propio de Viena o Berlín sucedió allí. Es el Círculo del Liceo que sigue aún muy vivo y permanece como uno de los grandes templos de la cultura y el buen gusto.
Posee vidrieras wagnerianas, muebles modernistas y una turbadora colección de cuadros de Casas, repleta de mujeres indómitas y modernas, audaces aurigas que ya conducían cuando la dama del Bugatti verde de Tamara de Lempicka, aún no había nacido.

20140601-110920-40160851.jpg

Tiene también un bello restaurante, parado en el tiempo y de civilizadas costumbres: los socios encargan una cena sencilla que se toma en el entreacto y que se sirve previapreví para ganar tiempo. Sin embargo, en tierra de refinamiento gastronómico y cuna Adriás y Rocas, el menú no está a la altura: foie de supermercado, salmón ahumado de sobre, ramplones biquinis y un jamón mediocre acompañado de un pésimo pan. Y eso, en la ciudad de las panaderías exquisitas. La carta de diario tampoco es mejor.

20140601-111023-40223505.jpg

Quizá la superioridad intelectual de estos melómanos admirables no se avenga con algo tan terrenal como la comida o quizá olviden que su Wagner quería arte total y que no hay ópera completa sin goces materiales, ni gran cocina huérfana de arte. pero habria que tomarlo en serio y poner los platos a la altura de tanta belleza; aquí y en el Real, donde en un comedor grandioso de techos estrellados se sirve comida colegial.

20140601-111405-40445470.jpg

La ópera y la cultura son Marca de España pero aún más la gastronomía, donde somos números uno. Por eso, museos y teatros debieran exhibir nuestra gran cocina en una experiencia sensorial total. Como hace el Guggenheim, donde reina Josean Alija, uno de los grandes.

20140601-111441-40481112.jpg

20140601-111641-40601846.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Polvos dorados

20140601-112717-41237884.jpg

Watching people: dícese del lugar donde los más atolondrados van a mirar y a ser admirados (o donde borrachos exquisitos conjuran las tristezas del atardecer).
Sin embargo, la pregunta es, ¿se puede comer bien en estos modernos palacios de la banalidad? Quizá sí en París (Monsieur Bleu), Miami (Zuma) o Los Angeles (Spago), sin duda en Londres (Dinner), pero no en España. Y eso, a pesar de la excelsa contribución que hizo a la historia de la gastronomía universal nuestro wtaching people cañí por excelencia, Casa Lucio: aquellos huevos rotos con patatas fritas que aún hoy le dan fuste y fama para estupor de los adrianistas o sea, los fieles devotos de Sant Ferrán Adriá.
El más reciente de estos «no lugares», cumple todas estas reglas y se llama Otto. Nadie sabe por qué, ya que está en Madrid, no es propiedad de italianos, aunque tenga burrata y su cocina es, dicen ellos, de «corte mediterráneo», suponiendo que el foie lo sea. La carta es un batiburrillo de soserías intrascendentes que van desde una tabla de chacinas corrientes a las alcachofas salteadas, pasando por grandes pedazos de las carnes más insípidas y peor cocinadas o por una crema de queso a la que, tampoco nadie sabe por qué, llaman tarta.
Un jueves cualquiera andan por allí Vicky Martín Berrocal, María Zurita, Marina Castaño, Boris Izaguirre, Javier Hidalgo, Rosauro Baro, le propietaire, numerosas señoras bien, tan mayores como desubicadas y chicos en camiseta, acompañados de rubias oxigenadas y plastificadas, que si no fueran del barrio de Salamanca serían de Mujeres, Hombres y Viceversa, ese programa que ennoblece la belleza del músculo, el tatuaje y la silicona mientras guerrea con las neuronas. Al único que se echa de menos es a Thomas Hardy, aquel autor visionario que ya en 1873, doscientos años antes que McLuhan, dijo: «hoy día hay tanta gente que se hace un nombre, que me parece más distinguido permanecer en la sombra».
Deben acudir a Otto?
No, si les gusta comer y los decorados con alma.
Sí, si adoran a los pijos castizos y a los famosos por causas desconocidas.

20140601-112813-41293538.jpg

Estándar
Buenvivir, Gastronomía, Restaurantes

Más bistrós y menos tascas II

20140531-234507-85507457.jpg

Sobran en Madrid tascas toscas y faltan restaurantes de barrio en los que el refinamiento y el buen precio no estén reñidos, donde descubrir cosas nuevas y en los que la carta cambia con la estación, en busca siempre del más fresco y mejor producto. Lugares que abundan en Paris o en Roma y que son un regalo para los amantes del buen comer.
Así es LaKasa, un lugar donde beber desde una sidra bretona a un tinto del Duero portugués pasando por numerosos caldos elegidos con originalidad y mimo.
Acompañan a setas en escabeche con aroma a campo, zamburiñas sobre verduritas asadas o sabrosos mejillones con un perfecto punto picante. Excelentes platos de caza, en especial, la torcaz al curry, una combinación perfecta. Ahora tiene también unas intensas albóndigas de corzo y cangrejos de río, un plato original y especiado que renueva el ampurdanesa mar i muntanya con el mar y río. Lo refresca con brotes tiernos y guindillas consiguiendo un resultado moderadamente picante y altamente embriagador.

20140531-234140-85300754.jpg

Los fines de semana son días grandes en LaKasa porque se festejan con platos especiales. Los sábados un delicioso steak tartare. La mejor carne de solomillo coartada a cuchillo mezcla sus intensos rojos con el verde de las alcaparras o los amarillos de la mostaza de Dijon. El cocinero lo hace a la vista y como debe ser, con sabores fuertes que dan vida a la carne sin apagar su sabor.

20140531-234250-85370379.jpg

Los domingos es el día del, realmente magnífico, solomillo Wellington, un plato de la más alta cocina, tan tradicional como difícil de preparar por los diferentes puntos de carne y masa. Aquí el solomillo llega rosado y jugoso como lluvia púrpura y el hojaldre crujiente y con un dorado de atardecer campestre.

20140531-234402-85442213.jpg

Los imprescindibles quesos llegan cada mes desde un afinador francés que borda el Brillat Savarin y el Comte, el Charolais y el Laguiole o cualquiera que se le ponga por delante.
Es una pena que la negrura del ambiente y el animal print de los estampados, coloquen a LaKasa más cerca del escondrijo de Batman o de la residencia de los Adams, que del colorido, la tranquila creatividad y la alegría de sus platos.
Pero, ya saben… nadie -ni nada- es perfecto…

20140531-234627-85587564.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Un brunch para el hada Melusina

20140519-212814-77294571.jpg

Un recóndito jardín a salvo del mundo, buena comida, manteles de picnic y vajillas de flores. Eso es todo lo que que debe contener una merienda elegante o también un brunch. Uno de verdad y no esos grandes banquetes, en plan buffet, que se hacen pasar por aquellos.
El mejor de Madrid, también lo tiene Ramón Freixa. Y cumple con la ortodoxia en los contenidos y en los horarios también. En la mesa, zumos variados -incluidos un delicioso detox de zanahoria y manzana-, los deliciosos bollos de Ramón, yogures con cereales y frutos rojos y unas crujientes tostadas, listas para la mantequilla y las variadas mermeladas o el más saludable pan tumaca.

20140519-212938-77378071.jpg

Después llegan los platos fuertes acompañados de bulliciosos bellinis: un gran biquini trufado de ibérico, una crujiente coca de berenjena y manchego, la original y sabrosa tortilla destructurada que sirve en tarros de yogur antiguo, los diminutos y delicados benedictine de codorniz y la sabrosísima hamburguesa de cerdo y ternera, con sorpresa…

20140519-213049-77449057.jpg

20140519-213050-77450266.jpg

20140519-213051-77451459.jpg

Para acabar este brunchquete, chocolates y los macarrons excelentes y coloridos pero nada tan notable como la deliciosa tarta de limón y es que, para quien no lo sepa, Freixa también domina la repostería.
Una experiencia única, en la que sólo faltan Titania y Oberón. Porque Puck y Melusina sí estaban.

20140519-213200-77520096.jpg

Estándar
Buenvivir, Diseño, Gastronomía, Restaurantes

Gran Circo DiverXo

20140502-182920.jpg

David Muñoz, el joven sabio de la cocina española, compara su DiverXo con un circo y no seré yo quien le diga que no. La comparación me parece psicoanalíticamente acertada. Como en los circos clásicos, destaca la fealdad del local, la alegría impostada del personal, la asombrosa genialidad de algunos números, la poética suciedad de algunas propuestas y la extravagancia del jefe de pista, él mismo. Compararle con el niño Mozart, un artista caprichoso y aún desigual, mimado por el mundo, sería excesivo porque él no es artista sino -como todos los cocineros, aunque no lo crean-, artesano y porque aún no sabemos si su obra cristalizará o se convertirá en polvo en el viento. Por ahora no pasa de ser, y ya es mucho, como Glenn Gould, aquel pianista neurasténico, maestro de una sola obra, o de un Michael Jackson que, mutante de pelo en lugar de piel, es capaz de lo mejor y de lo no tanto. Dije aquí mismo que es uno de los componentes de la Santísima Trinidad de la cocina madrileña. También, que quizá muriera de éxito porque le faltaba madurez y equilibrio. Después de visitar recientemente su restaurante sigo pensando lo mismo, aunque también que no hay genio sin provocación, ni creatividad e innovación sin error y que él es, en la actualidad, el único vanguardista de la cocina española. ¡Y decir vanguardia y extravagancia es decir lo mismo! La puesta en escena comienza con camareros con falda y con unos extraños cerdos alados, oscura y diabólicamente alados, que presiden el local y se encaraman en las mesas, los cerdos no los camareros.

20140502-180803.jpg

Continúa con una verdadera locura: la mesa se cubre con un mantel de pésimo gusto, entre el papel y el hule, sobre el que se arrojan palomitas de maíz, esferificaciones de vinagreta y cápsulas de ketchup casero. Insisto, todo eso se arroja sobre la mesa y se ha de comer con las manos, pringando las palomitas en las salsas.

20140502-181013.jpg

Ellos dicen que es como un picnic pero no pasa de ser una verdadera porquería, más digna de una tasca para adolescentes que de un tres estrellas Michelin. Sin embrago, tampoco hay que indignarse. Desde el urinario de Duchamp y la Venus de la ropa sucia de Pistoletto, todo es posible. Lo mejor es apretar los puños, no irritarse y esperar, porque en este circo, como en todos los demás, se desciende con el hedor de los animales pero también se asciende con las ágiles cabriolas de los trapecistas. La cosa sigue con el coco joven con un guiso acidulado de berberechos, zamburiñas y pochas, ya un clásico de su cocina. Es una elaboración atrevida y excelente, especialmente cuando el coco no está tan duro como el que me tocó en suerte y se pueden arrancar sus blancas paredes de carne fresca y mezclarlas en la sopa.

20140502-181140.jpg

Por fin retiran el pringoso hule y el resto de los platos se elabora como un cuadro. La vajilla está formada por grandes rectángulos de porcelana blanca, completamente mate y de distintas rugosidades. Sobre ellos, los camareros van componiendo los platos a las vista del comensal. Vean: llega primero la pictórica base

20140502-181352.jpg

y después los rollitos de sardinas que completan este plato llamado kimchee, pochas con coco y sardinas, una visión tan bella como impresionante y una mezcla de sabores que nos hacen pasar del odio al amor, porque esta cocina no es sólo una experiencia gustativa de primer orden. Es también un intenso placer visual, aromático y táctil. El arte total de Wagner sin ser arte, pero siendo cocina.

20140502-181507.jpg

El pulpo estofado en berza asada con zanahoria baby, lapsang souchon te y alga nori, siendo de una extraña belleza, conquista sobre todo por su juego de texturas, blandas, crujientes, cremosas y crocantes y por una mezcla de morados y naranjas digna de Rothko.

20140502-181626.jpg

Texturas parecidas se aprecian y disfrutan en un sorprendente caviar de roca que también juega con naranjas y ocres de expresionismo americano. Un paréntesis antes de una exquisita composición japonesa, por lo formal y por el contenido y es que ya es hora de decir que David Muñoz posee una sabiduría técnica que abarca muchas cocinas del mundo y un amor por las orientales que inspira toda su obra. El plato se llama gamba, quisquilla y camarón con espárragos blancos al Riesling, una auténtica delicia de simplicidad admirable.

20140502-181754.jpg

Seguimos con un riesgo que parece excesivo, pero que resulta altamente excitante y gustoso, la mezcla de la pintada con el esturión ahumado en forma de sándwich crujiente, un compuesto de blandos y crocantes, de sabores fuertes y suaves, que nuevamente cautiva. El esturión combina con compañeros sorprendentes, pero sólo los muy creativos llegan a tanto y con tan buenos resultados.

20140502-181855.jpg

También va perfecto con el pichón del siguiente plato que, aunque no fuera sobresaliente, ya valdría la pena por su avasalladora belleza que se va completando muy poco a poco, desde una nívea flor de levísimos champiñones que el hibiscus tiñe de escarlata, hasta el remate de la salsa anaranjada sobre un pichón de punto perfecto, tierno y jugoso como pocos consiguen con tan desagradecida carne.

20140502-182049.jpg 20140502-182207.jpg

Lo remata otra de las grandes creaciones de David, el mollete de pato especiado y mandarina, un monumento al sincretismo y a la cultura gastronómica porque, mezclando el alma del dim sum y el cuerpo del mollete, construye un plato guloso, apetecible y que estalla en la boca, llenándola de sabores y si, por qué no, de efectos multicolores.

20140502-182330.jpg

Dicen que este lenguado de la foto es acariciado al wok y es verdad porque lo debe rozar con sutileza manteniendo la reciedumbre de sus carnes y respetando su jugosidad. Este chef lo sabe todo sobre el wok, tanto cuando debe alejarse la llama del producto, como cuando se debe acercar, al modo peruano. Los toques de ajo negro realzan su sabor y pintan el plato y la crepe de boletus, de ligerísima masa, es un gran plato por sí sola, otro gran cuadro sobre la mesa.

20140502-182431.jpg

El remate es tan colorista como delicioso, tan arriesgado como feliz: aceituna gordal, papaya y tuétano y ensalada de vaca gallega sellada al wok, cigala y papaya, una especie de plato combinado que eleva el de las antiguas cafeterías de la pobreza, a los campos elíseos de la alta cocina.

20140502-182602.jpg

20140502-182700.jpg

Es una lástima que tanta grandeza preceda a unos postres más bien simplones, pero es que, o David Muñoz no ha sido llamado por el mundo de la repostería o después de sus siete días de creación, está tan extenuado que la mente no le da para lo dulce. El pettit suisse de fresitas silvestres, chocolate blanco y jugo de chiles dulces, es verdad que nos traslada a ciertos sabores de la infancia pero más parece por agotamiento mental que por juego intelectual. En cualquier caso, no está a la altura.

20140502-182759.jpg

No hace falta decir que el balance es excelente, que pocos arriesgan tanto y saben más de cocina y de estética, que raras veces se va más del arrobo a la indignación -aunque hay más de lo primero que de lo segundo- y que casi nunca la experiencia gastronómica es tan completa y satisfactoria para tantos sentidos. Tanto, que si no le gusta comer, vaya a contemplar tanta belleza porque alimenta el alma y además, la agita. La madurez, espero, ya le vendrá, porque ¿desgraciadamente? a todos nos llega. Si así acontece y no queda en muñeco roto, en triste niño prodigio, DiverXo será uno de los grandes del mundo. Y de la historia. Brindemos por ello.

20140502-183018.jpg

Estándar